Open Letter to Amnesty International (Spanish/English)

Extracto de la respuesta de Ángeles A. Auyanet, especialitsta en masculinidades y prostitución a Amnesty International por la descriminalización total de la prostitución que beneficiará a mafias, puteros y proxenetas.

Me gustaría dejar mi opinión a la resolución adoptada por Amnistía Internacional respecto a la prostitución. En el único punto que coincido con ustedes es que no se debe criminalizar a las mujeres que se prostituyen. A partir de este punto, tenemos visiones muy distintas de lo que se debe hacer.

El no criminalizar a los usuarios de prostitución, así como tampoco a los proxenetas perjudica a todas las mujeres (e indirectamente también a los hombres), dado que perjudica la causa de la igualdad de género. La normalización de la prostitución afecta lo que representa ser mujer y lo que se puede esperar de nosotras. A través de su naturalización se legitiman ideas y creencias que influyen no solo en cómo los hombres perciben a las mujeres, sino también en cómo las mujeres se perciben así mismas. Además, no podemos pasar por alto lo que varios estudios advierten y es que en aquellos países donde se ha legalizado la prostitución, se ha producido un efecto escala. Es decir, la legalización de la prostitución hace que el comercio sexual, tanto legal como ilegal (la trata sexual de mujeres), se expanda. La prostitución se entiende muchas veces como una serie de elecciones personales o individuales. Esto es un error ya que una institución cumple una función social, no individual.

En las últimas décadas, la sociedad española ha entendido que la violencia de género es un problema estructural, y no un problema individual. Al principio se consideraba un problema de pareja en el que no nos debíamos meter, sin embargo, en la actualidad la percepción social ya no es la misma. Ahora entendemos que es un problema social que debemos erradicar. Entonces, ¿por qué es tan difícil comprender que la prostitución es un problema social y que requiere soluciones serias por parte de los Estados?

Repito, no son decisiones individuales y reducir este problema social al consentimiento es no querer ahondar en las desigualdades de género. Dicho de otra manera, la reducción del problema de la prostitución a una cuestión de elección y consentimiento por parte de las mujeres es no querer ahondar y comprender las raíces patriarcales en las que se asienta esta institución. Por lo tanto si la prostitución continúa formando parte de nuestras vidas es porque los hombres – como grupo social entiéndase – necesitan como parte de sus privilegios un suministro de cuerpos de mujeres a los que poder acceder. Como bien afirma Barry, la prostitución más que un trabajo es la “reducción más sistemática e instutionalizada de las mujeres a un sexo.”

Sin embargo, resulta paradójico que se restrinjan por parte del Estado cuestiones de elección personal como pudieran ser el vientre de alquiler o la venta de órganos, apelando a cuestiones éticas sobre la integridad del cuerpo humano y de la persona. En estos casos se ha recurrido a una cierta concepción del ser humano y del bien común. A lo largo de la historia, la colectividad ha entendido que en ocasiones es beneficioso poner límites a la libertad individual. Pero, quizás como señala sagazmente Charlesworth, debido a que las corrientes del bien común no han incluido nunca a las mujeres como grupo social, se sigue tolerando la prostitución bajo la excusa de que estas mujeres la eligen libremente.

Otra de mis reflexiones es que con esta recesión económica que seguimos viviendo, en España mucha gente a pasado a cobrar unos 600 euros mensuales. Estas personas se quejan y le echan la culpa al capitalismo neoliberal o al gobierno de la nación. En este caso, la gente ve perfectamente que es un problema estructural, e identifican perfectamente las estructuras de poder. Saben que el problema no radica en que ellos consienten en aceptar un trabajo en el que ganan tan poco dinero. Sin embargo, cuando hablamos de prostitución, las estructuras de poder parecen desaparecer como por arte de magia. Poca gente las ve, y lo único que se repite una y otra vez es que si la mujer consiente, ¿qué problema hay?

Bajo mi punto de vista, es imposible alcanzar la igualdad de género si las mujeres, sobre todo las pobres, estamos las 24 horas del día, en casi cualquier parte del mundo, al servicio sexual de los hombres a cambio de dinero. Por lo tanto, podríamos afirmar que la prostitución es la institución que mejor personifica la dominación masculina sobre las mujeres. En cambio para éstas, la prostitución sería la institución de la supervivencia, la clara feminización de la pobreza.

Deseo fervientemente que en un futuro próximo Amnesty International se de cuenta del error que han cometido. Se puede apoyar y empoderar a las mujeres que se prostituyen sin dejar de criminalizar a los usuarios y proxenetas. Y ustedes no han elegido ese camino. Por algo será…

Fuentes:

http://www.diw.de/documents/publikationen/73/diw_01.c.405653.de/diw_econsec0071.pdf

https://gupea.ub.gu.se/bitstream/2077/22825/4/gupea_2077_22825_4.pdf

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********** TRANSLATION **********

Excerpt from the response of Ángeles A. Auyanet, specialist in masculinity and prostitution, to Amnesty International for the total decriminalization of prostitution, which will benefit mafias, johns and pimps.

I would like to leave my opinion to the resolution adopted by Amnesty International regarding prostitution. In the only point that I agree with you is that women in prostitution should not me criminalized. Apart from that, we have very different vision when it comes to aspects of what should be done.

The decriminalization of the act of buying sex harms all women (but especially poor women) and the ideal of gender equality. Prostitution affects the image of what a woman is and what can be expected from her. Through the decriminalization of the act of buying sex, we legitimize ideas and beliefs, which influence not only how men perceive women but also how women perceive themselves. Prostitution is often understood as a set of personal or individual choices. This belief omits the realization that prostitution is in fact an institution; thus, it fulfills a social function.

In recent decades, the Spanish society has recognized that gender violence is a structural problem – it is not an individual problem. Previously it was considered private business between a man and his wife, but nowadays, social perception has changed and we understand that it is a social problem that must be eradicated. So why is it so difficult to understand that prostitution is a social problem that requires serious solutions from the state?

The problem of prostitution has consciously been reduced to a question of consent in order to hide the privilege of being a man, and causes of gender inequalities. In other words, reducing the problem of prostitution to a matter of women’s choice and consent is basically done to avoid deepening and understanding the patriarchal roots in which the institution stands. Therefore, if prostitution remains part of our lives, it is because men – as a societal group – need women’s bodies to be accessible in order to maintain their privileges. As Kathleen Barry well states, “The prostitution exchange is the most systematic institutionalized reduction of woman to sex.”

Paradoxically, the state restricts the sale of goods such as organs or surrogate pregnancy, appealing to ethical issues regarding the integrity of the person and the human body. In these cases, it has resorted to a certain conception of the human being and the common good. Throughout history the community has understood that it is sometimes beneficial to place limits on individual freedom. But perhaps, as Charlesworth wisely notes, because the trends of thought of the common good have never included women as a social group, prostitution is still being tolerated under the pretense that women freely chose to engage in it.

Furthermore, during this time of economic depression, many people in Spain earn only 600 euros per month. They blame neoliberal capitalism for their low wages, although people acknowledge that there is a structural problem and an imbalance of power. They are aware that the reason why they earn low salaries is due to the power structures of society, and not due to their consent to earn 600 euros. However, with regard to prostitution, these power structures (patriarchy – neoliberalism) are not taken into account and only few people are able to see them. The same question is constantly repeated: if women consent to such act, then where lies the problem?

From my point of view, it is impossible to achieve gender equality if women – especially those who are poor – are 24 hours a day, almost anywhere in the world, serving the men’s sexual desires in exchange for money. Hence, it is plausible to state that prostitution is the institution that best epitomizes male domination over women whilst remaining an institution of survival for women, which is a clear feminization of poverty.

I sincerely hope that in the near future, Amnesty International realizes the mistake they have committed. It is possible to support and empower women in prostitution while criminalizing johns and pimps. And you have not chosen this path. I wonder…

References:

http://www.diw.de/documents/publikationen/73/diw_01.c.405653.de/diw_econsec0071.pdf

https://gupea.ub.gu.se/bitstream/2077/22825/4/gupea_2077_22825_4.pdf

Image credit: No Amnesty for women, great pic via @ArtOfDissent (cc @AmnestyOnline ) http://protest-resources.tumblr.com/

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